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domingo, 5 de mayo de 2013

Tenería y nuestros maestros Luis Hernández Montalvo


Tenería y nuestros maestros

Luis Hernández Montalvo

Un día por la mañana, apenas unos minutos antes de las seis horas; Don Ángel Nájera se presentó al salón de clases para iniciar las lecciones de ética y lógica. En aquellos días, entre 1970 y 1975, las clases en la Escuela Normal Rural “General Lázaro Cárdenas del Rio”, de Tenería, estado de México, se iniciaban a las seis de la mañana, si mi memoria no me traiciona.

Nos extrañó que a esa hora no fumara. Su barba blanca por completo, había tomado un color café obscuro por el tabaco. Solo en una clase llegaba a fumar hasta dos cajetillas de cigarros. Tenía cerca de setenta años, vivía solo en la escuela en compañía de sus libros. Se puso muy serio y nos dijo:


Palabras más palabras menos: Jóvenes, quiero que sean testigos de que un hombre de mi edad, aún puede tener fuerza de voluntad para dejar el vicio del tabaco, se lo que voy a padecer, por eso traigo mis dulces y fruta, para suplir los cigarros. En los días que vinieron, fuimos testigos de las crisis de tos que le daban en el salón, hasta que cesaron. No solo nos hizo testigos de su fuerza de voluntad, le sirvió de pretexto para tratar asuntos que tenían relación con la ética. Por él conocimos en explicaciones filosóficas, el origen del pensamiento griego a partir de la mitología; cada clase era una verdadera cátedra explicada por un filósofo y maestro de la vieja Escuela Rural Mexicana, una vida ligada a la Escuela Normal Rural y a la formación de jóvenes profesores en el gusto por la lectura y por los asuntos filosóficos. Nos explicaba “sobre lo esencialmente bueno y lo esencialmente malo en los hombres”; entre otros temas. Nuestro maestro vivió solo sus últimos años, en un hotel, alejado de su familia; él y sus libros, su apego al conocimiento hasta los últimos minutos de su vida que perdió arrollado por un carro  cerca de su hotel en la ciudad de México.   


Héctor González González –hasta donde me sea posible, no mencionaré sus apodos por respeto a su memoria- hasta donde recuerdo, él no me dio clases pero lo escuché en múltiples ocasiones en los exámenes profesionales de los profesores que regresaban a cumplir con tal requisito. Por ejemplo, le escuché decir que había participado en algunos viajes de intercambio académico a las escuelas de Estados Unidos y no negaba su asombro por los edificios, sus instalaciones deportivas, sus laboratorios, bibliotecas y lo bien dotados salones de clase; pero también, respondía cuando le preguntaban: todo está bien, pero yo me quedo con las escuelas de mi país, con sus maestros, que  hacen de una flor un laboratorio en el salón de clases y valoraba el ingenio de los trabajadores mexicanos cuando decía: En Estados Unidos, un técnico no trabaja si no tiene su caja de herramientas y los repuestos; en tanto que el trabajador mexicano, utilizando su ingenio, improvisa, hasta que tenga las condiciones para trabajar en el taller. Don Héctor contaba con un prestigio bien ganado en nuestra escuela, entre los profesores y entre los estudiantes.


Con maestros como don Héctor, ganamos prestigio entre las normales rurales, en la Escuela Nacional de Maestros y en la Escuela Normal de Atlacomulco, de donde también era profesor.

Tal vez, maestros como los sicólogos Fidencio Bernal Navarro –originario de Zacatecas- y Ernesto González Morgado, aún jóvenes; nos indicaron el camino de la Psicología para comprender problemas de la conducta humana, de la Psicología Infantil y de la enseñanza; de cómo aprenden los niños y cómo debe ser la enseñanza de las ciencias, pero sobre todo, de la enseñanza de las matemáticas desde el concepto de número. Sus clases no se reducían a su especialidad, incursionaban con éxito en asuntos pedagógicos y de la enseñanza en la escuela primaria. Gracias a ellos; un grupo de estudiantes asistieron al festival de Avándaro y conocimos con una visión universitaria la ética de la responsabilidad en el trabajo docente, la tolerancia y el respeto a los que piensan diferente a nosotros, un lenguaje democrático distinto al que se enarbolaba en las normales rurales de dogmatismo de izquierda. Eran los días en que varios de nuestros compañeros abandonaron las aulas normalistas para enlistarse en la guerrilla, unos simpatizando con Lucio Cabañas, otros con Genaro Vázquez y no faltaron los que se fueron a la Liga o al Movimiento de Acción Revolucionaria. A varios de ellos ya no los vimos nunca más.

 Del estado de Puebla estaban los profesores Vicente Cruz Hilario –originario de Xayacatlán de Bravo, Acatlán Puebla- ¿Cuántas anécdotas tenemos?- maestro de Antropología y estadística, Teoría de Conjuntos, entre otras materias que impartía. Manuel Carballo, bueno en el manejo de la didáctica de la enseñanza de las matemáticas en la escuela primaria en la materia de Lógica y Conjuntos. Otro poblano era Gonzalo Valencia y Aguilar, que nos impartía Problemas Económicos de México. Moisés Angoa  maestro delos  laboratorios de Química y Física. En nuestra memoria, el maestro Florentino, de cuyos apellidos ya no recordamos.

Otros maestros como Luis (a) Pajarito nos impartió Didáctica; Artemio, nuestro maestro de Artes Plásticas y de Historia Universal; Luisito, el talabartero; Cirilo Blas Castillo, maestro de Música –decían ellos; ”maestros de Educación Musical”-; Mario Alfonso Gordillo Arguello, profesor de Cunicultura y Apicultura; de Carlos Martínez –por su nariz, el pollito-; de Castañón Santana maestro de agropecuarias –por su estilo de caminar: “El tacudo”. Del maestro Cesar Juárez Rivero –el Yuca- que nos impartía las materias de Historia.

 Han transcurrido 37 años y nuestra memoria nos traiciona, pero guardamos la imagen de nuestras maestras, de Toño –el dodo- el único flojo de los maestros, pero era un experto en la obra de Rosario Castellanos, buen lector; a Ariel López, hijo del Director Cecilio López Trujillo.

No puedo pasar por alto a los directores que conocimos: al profesor Aquiles Guerra Vicente, a Ángel Avendaño Yescas, y a Cecilio López Trujillo; que ya antes había sido nuestro director en la Escuela Normal Rural de Champusco, Puebla. Recuerdo las visitas y la amistad personal con el Supervisor General de Educación Normal, el maestro Plinio Noguera Salazar.

Humberto, Gumersindo Toledo Díaz y el que escribe estas notas, en complicidad con la memoria recordamos las trayectorias de varios compañeros y la influencia de nuestros maestros en nuestra formación. Gumersindo libra una batalla contra el cáncer, nos recibe en su casa de Cuernavaca, lo hace con optimismo, con alegría y con dignidad, esta es su opinión:

Profundizar nuestra razón de ser se vuelve un ejercicio interesante. Por eso vuelvo la mirada sobre sus trayectorias de vida y profesionales. ¿Qué hemos hecho, qué dejamos de hacer? ¿Qué representa ser parte de ese torrente histórico y educativo del que provenimos? Intento dar respuesta; me parece percibir claramente a sujetos que juegan el rol de catedráticos, jefes de enseñanza,  especialistas en la enseñanza de las matemáticas, especialistas en letras, directores de escuela, supervisores, bibliotecarios, músicos, profesores jubilados, funcionarios universitarios, “prófugos del gis”, empresarios de la educación, empresarios, comerciantes, ex presidentes municipales, ex regidores, ex diputados, ex dirigentes sindicales, funcionarios gubernamentales, ex guerrilleros…

 

Sigo “perdido” revisando con acuciosidad la historia y revisando detenidamente los conceptos antropológicos de indígena y campesino, me dan vueltas en la cabeza “veo visiones, escucho diálogos de personajes”, intento asociarlos a mi vida y a la de ustedes saber que tienen que ver con nosotros como sujetos. ¿Vasconcelos, Gamio, Saénz, Aguirre Beltrán, Estado Benefactor, paternalismo autoritario, redención del indígena, “marchemos agraristas a los campos”?

 

Recordar a los que nos formaron para el trabajo docente y modelaron nuestro carácter de profesores de educación primaria para el medio rural, es un justo homenaje a su memoria y un pretexto para mostrar mi solidaridad con la familia de “Gunter” ( 05-05-2013).

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 4 de mayo de 2013

El normalismo y la Revolución Mexicana Gumersindo Toledo Díaz


El normalismo y la Revolución Mexicana

Gumercindo Toledo Díaz

“La Revolución, como el movimiento de una generación, que comenzó a finales del porfiriato, siguió con la lucha armada y luego vino un proceso de unas dos décadas de esfuerzos para llevar a cabo ciertas reformas revolucionarias, agrarias, laborales, que tuvieron cierto éxito. Pero en los años 40 esa generación ya no estaba o casi había desaparecido, y una nueva generación política llegó al poder. Esa generación todavía enarboló la bandera de la Revolución y su partido tenía ese nombre, pero en muchos aspectos tenía un proyecto diferente. Por tanto, en un sentido, uno podría decir que “la Revolución llegó a su fin en los años 40”. (Knight A., 2001: 150)

 






Paradójicamente la normal de Tenería en su trayectoria tiene presente la lucha de dos grandes figuras de la Revolución Mexicana: Plutarco Elías Calles[1] y Lázaro Cárdenas del Río[2]; el primero decisivo para su fundación y el segundo de quien toma el nombre la escuela. Ambos actores fundamentales del México revolucionario. El primero profesor de primaria en sus mocedades y a la postre general; el segundo militar, general por méritos en campaña, creador del precepto constitucional en el artículo tercero de la “Educación Socialista”.

 

 Ambos abrieron para la vida del país, una época de hegemonía de lo que algunos llamaron “el partido casi único” o de lo que fue caracterizado por Mario Vargas Llosa como la “dictadura perfecta”. Pero en fin, si les digo: Calles y Cárdenas, factor decisivo y piezas fundamentales en la educación normalista; sorprendentemente unidos en el “Plan de Agua Prieta” con Cárdenas a las órdenes de Calles. Notoriamente distanciados en el estilo de gobernar, murieron el mismo día; un 19 de octubre, uno de 1945 y el otro de 1970. No se sí tú,… o él o aquel aún tengan en la memoria ese lunes 19 o ¿fue martes 20?, ¿te acuerdas bien? de octubre de 1970 en que formados por la mañana en la explanada frente a los arcos centrales del internado nos dieron la noticia del fallecimiento de “Tata Lázaro” y nos pidieron que guardáramos un minuto de silencio.

 





El Sistema Educativo Nacional forma parte de las conquistas del movimiento armado de 1910-17. El surgimiento de la Secretaría de Educación Pública en 1921 con Vasconcelos al frente durante el gobierno obregonista; las misiones culturales, las casas del pueblo, la escuela rural mexicana, la fundación de las escuelas centrales agrícolas. Curiosamente la cronología histórica de Tenancingo, señala el 20 de noviembre de 1927 (seis años después de la fecha oficial de fundación de la SEP) como la fecha en la que el Presidente Plutarco Elías Calles, inauguró en Tenería el antecedente de lo que a la postre sería la escuela normal rural, instaurándola primero como Escuela Central Agrícola, después sería Escuela Regional Campesina (1933-1934).Para que en 1936 quedara definitivamente como Escuela Normal Rural, que es como la conocemos en la actualidad. (Viene a colación el comentario que hice en una reunión de Jaramaos 74 en junio de 2010. Ahí señalé que si en ese año festejaríamos el Bicentenario de la Gesta de Independencia y el Centenario del Movimiento Armado de 1910-17, para noviembre de 2027 se cumplirían los Cien Años de creación de nuestra normal y que algunos seguramente aún tendríamos oportunidad de testimoniar dicho acontecimiento).

 

Mirarnos en ese espejo, reconocer identidades en las pequeñas y grandes coyunturas históricas, profundizar nuestra razón de ser se vuelve un ejercicio interesante. Por eso vuelvo la mirada sobre sus trayectorias de vida y profesionales, que hemos hecho que dejamos de hacer, que representa ser parte de ese torrente histórico y educativo del que provenimos. Intento dar respuesta; me parece percibir claramente a sujetos que juegan el rol de catedráticos, jefes de enseñanza,  especialistas en la enseñanza de las matemáticas, especialistas en letras, directores de escuela, supervisores, bibliotecarios, músicos, profesores jubilados, funcionarios universitarios, “prófugos del gis”, empresarios de la educación, empresarios, comerciantes, ex presidentes municipales, ex regidores, ex diputados, ex dirigentes sindicales, funcionarios gubernamentales, ex guerrilleros etc;. Sigo “perdido” revisando con acuciosidad la historia y revisando detenidamente los conceptos antropológicos de indígena y campesino, me dan vueltas en la cabeza “veo visiones, escucho diálogos de personajes”, intento asociarlos a mi vida y a la de ustedes saber que tienen que ver con nosotros como sujetos. ¿Vasconcelos, Gamio, Saénz, Aguirre Beltrán, estado benefactor, paternalismo autoritario, redención del indígena, “marchemos agraristas a los campos”?

 

Así las cosas, nuestro arribo al claustro normalista de Tenería en 1970 como jóvenes estudiantes tiene su razón más profunda en la estabilidad y la pacificación social que hasta el momento habían logrado los regímenes provenientes de dicha matriz del movimiento armado de 1910-17 y a la conformación de la sociedad mexicana en las últimas cuatro décadas que precedieron a la de los setentas; asimismo era la expresión de la demanda de bienestar en el aspecto educativo y del esfuerzo de los padres y de los jóvenes para acceder a mejores niveles de vida. La lucha por abrir caminos y ganarse un espacio en las instituciones educativas que existían en esa época nos da cuenta de la escasez de oferta educativa y de la cobertura a la misma en el nivel de bachillerato o medio superior en distinción a la secundaria que es enseñanza media pero del nivel básico. De hecho hasta más de cuarenta años después de que llegamos a constituirnos como estudiantes normalistas se aprueba el bachillerato obligatorio en el país vía la modificación al artículo tercero constitucional (Aprueba la Cámara de Diputados Bachillerato Obligatorio, 14-10-20119).

 







[1]A Calles como Presidente de la República le tocó vivir el enfrentamiento con la iglesia y pactar con la Jerarquía Eclesiástica el fin de la “Guerra Cristera”. Tuvo la visión de institucionalizar a la “clase política mexicana” a través de un partido político el Partido Nacional Revolucionario, PNR.
[2] Cárdenas, una vez en la presidencia de la república con el apoyo decidido de quien llamaban “El Jefe Máximo de la Revolución”, (P. Elías Calles) -que era quien decidía hasta el momento al sucesor presidencial-, decide romper con el “maximato” y Calles termina exiliado en los EUA, posteriormente expulsado del PNR. La presidencia de Cárdenas se ubica en un momento estratégico de coyuntura internacional (La Segunda Guerra Mundial). Da un fuerte impulso al aspecto social de la revolución profundizando el reparto agrario generando las condiciones para la tecnificación de la producción agrícola, expropia el petróleo, apoya decididamente la educación. El PNR bajo su mandato se convierte en Partido de la Revolución Mexicana, PRM dando origen a los sectores corporativos del actual PRI: La Confederación Nacional Campesina, CNC, La Central de Trabajadores de México, CTM, y el sector militar de dicha fuerza política.
 

Apoyo internacional a la lucha de profesores

 
Los participantes en el seminario Nuevas dimensiones en el estudio y práctica de los movimientos sociales, mexicano-chicano, realizado en el Centro de Estudios Chicanos de la UCLA el 2 y 3 de mayo, manifestamos nuestro apoyo a la lucha de los trabajadores del magisterio de Guerrero, agrupados en la Ceteg, que defienden la educación pública y sus derechos laborales afectados con los cambios al artículo tercero constitucional.
Solicitamos al gobierno mexicano la solución de las demandas del magisterio democrático. Rechazamos la represión al movimiento y exigimos la liberación incondicional de los cuatro integrantes que recluyeron en penales de alta seguridad de Veracruz y Nayarit, acusados de terrorismo, cuando son luchadores sociales y representantes sindicales: Genaro Guevara Hernández, Mauro Lázaro García, Cesáreo Rosendo Feliciano y José Lucas Juárez. Exigimos también la cancelación de las 189 órdenes de aprehensión contra los integrantes del magisterio democrático.
Estaremos atentos al curso del conflicto para continuar con nuestras acciones de solidaridad.
Maylei Blackwell, Chicana/o Studies and Gender Studies, University of California, Los Angeles (UCLA); Edward Mc Caughan, San Francisco State University; María de la Luz Arriaga, FE UNAM; Michelle Tellez, Arizona State University; Aída Hernández, CIESAS; Devra Weber, UC-Riverside; Maurice Rafael Magania, Center for US-Mexican Studies, UCSD; Alejandro Alvarez Béjar, FE UNAM; Gaspar Rivera, UCLA Labor Center; Olga Talamante, Chicana Latina Foundation; Gisela Espinosa, UAM-X; Imelda Placencia, UCLA, y Juan D. Ochoa, University of Arizona

Los de abajo Los CCH y la reforma al sistema educativo Gloria Muñoz Ramírez

 
La reforma al sistema educativo de los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los convierte en escuelas centradas en la política del mercado, muy lejos del concepto original que promovía la formación de sujetos críticos y actuantes.
Los CCH, creados en 1971 por el entonces rector de la UNAM, Pablo González Casanova (el único que no firmó la carta de ex rectores que repudiaron la toma de la rectoría), están en peligro, y no porque algún grupo anarquista los quiera tomar, sino porque, como lo denuncia el colectivo Revuelta, están bajo una política neoliberal que tiende a su desaparición.
Lo que en su tiempo González Casanova definió como la creación de un motor permanente de innovación de la enseñanza universitaria y nacional, el cual deberá ser complementado con esfuerzos sistemáticos que mejoren a lo largo de todo el proceso educativo nuestros sistemas de evaluación, de lo que enseñamos y de lo que aprenden los estudiantes, ha sido ya modificado. Los 12 puntos que sustentan la reforma al plan de estudios sólo oficializan una tendencia que viene de hace más de cinco años.
Uno de los puntos de la reforma, del que se han valido diversos medios para descalificar a sus críticos, es la reglamentación de la enseñanza de inglés durante los seis semestres. Los alumnos, sin embargo, señalan que no se trata de que no quieren estudiar inglés. El problema, indican, es el autoritarismo, es que nadie pregunta a la comunidad universitaria qué quiere y se toman las decisiones desde arriba. “¿Por qué inglés y no otro idioma? ¿Por qué la enseñanza de un idioma a nivel técnico que sólo nos calificaría para trabajar en un call center? ¿Por qué no nos preguntan que necesitamos?”, son algunas de las preguntas que se hacen Pável y Andrea, del colectivo Revuelta.
Otro de los puntos se refiere a la obligatoriedad de la materia de Educación Física. Aquí, señalan, el problema no es que no queramos hacer ejercicio, sino que no se preocupan del perfil del estudiante del CCH, que es de zonas marginadas y que antes de ponerlo a correr, hay que preguntarle si comió.
La reforma planteada, señalan miembros de la comunidad universitaria, no corresponde a las realidades de los cinco CCH, sino al deseo de cambiar el perfil del estudiantado haciendo a un lado a los alumnos sin recursos para dar preferencia a las clases medias. Cada vez somos menos los hijos de obreros, maestros o gente del campo que podemos estudiar ahí. Lo que hay es una especie de limpieza de clase, advierten Andrea y Pável, activistas egresados de esa institución.
 
 

El descrédito de la evaluación docente

 
En el contexto de un foro sobre reformas educativas, encabezado por la nueva presidenta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), Sylvia Schmelkes del Valle, el investigador Felipe Martínez Rizo –ex presidente de ese organismo– señaló que se requiere al menos de 10 años para implementar un modelo de valoración integral del magisterio que no dependa sólo de la aplicación de una prueba estandarizada, y añadió que la labor docente no puede ser calificada con un examen teórico-pedagógico, y mucho menos si es de opción múltiple, porque determinar si un maestro es bueno o no es un proceso mucho más complejo, que demanda otros instrumentos como su desempeño en el aula.
A esos señalamientos se suman los formulados en días recientes por otro de los ex presidentes del INEE, Mario Rueda, en el sentido de que ese organismo no puede convertirse en un órgano de persecución del magisterio y que la evaluación docente no va a resolver los problemas, en alusión a la reforma educativa recientemente aprobada y promulgada que condiciona el ingreso, la promoción y la permanencia de los profesores en el sistema educativo a la aprobación de controles estandarizados.
Es revelador, por decir lo menos, que uno de los supuestos fundamentales de la referida reforma –la afirmación de que la evaluación docente es la panacea a los rezagos nacionales en el ámbito de la enseñanza– sea consistentemente cuestionado y desacreditado por académicos y especialistas en dicha materia. No menos significativo resulta que cuestionamientos como los referidos provengan de ex integrantes del INEE, organismo al que la mencionada modificación constitucional otorga la responsabilidad de diseñar y aplicar la evaluación docente.
La realidad es que, a contrapelo de los empeños gubernamentales y partidistas por presentarla como una solución casi milagrosa, la evaluación educativa en su configuración actual –de corte verticalista, basada en pruebas estandarizadas y en la entrega de estímulos económicos y/o de sanciones a los profesores– ha tenido ya suficiente tiempo para demostrar su ineficacia como instrumento de mejora en la calidad de la educación. Desde hace más de dos décadas la Secretaría de Educación Pública ha sometido a los estudiantes y a los maestros a distintos procesos de control de calidad de dudoso apego a las consideraciones pedagógicas más elementales, que en nada han ayudado a corregir los múltiples problemas socioeconómicos –pobreza, marginación, inequidad social– e institucionales –abandono presupuestario, opacidad, corrupción e ineficiencia en el manejo de recursos públicos– que convergen en el ámbito de la enseñanza.
La evidente tensión entre el supuesto fin de poner fin al atraso educativo y la pretensión de hacerlo mediante un modelo que no atiende a los distintos factores que originan ese fenómeno –antes al contrario, impide su atención y, por esa vía, los profundiza– hace inevitable sospechar que la motivación real de reformas como la mencionada –alineada con la agenda educativa de organismos internacionales como la OCDE– no pasa tanto por mejorar los ciclos de enseñanza sino por perfilarlos como instrumentos de estratificación social y por generar oportunidades de negocio para particulares.
Tal es, en suma, uno de los motivos principales del descontento magisterial que se ha venido expresando en semanas recientes en distintas entidades del país, por más que las autoridades y el poder mediático-empresarial se empeñen en presentar dicho descontento como producto de un rechazo irreductible a cualquier tipo de evaluación. Es pertinente, por último, que la actual dirigencia del INEE tome nota de los señalamientos críticos formulados por sus ex integrantes y por buena parte de los expertos en la materia, y corrija, en el ámbito de su competencia, el despropósito de un paradigma de escrutinio magisterial a todas luces desacreditado y caduco.
 

Escuelas públicas y cuotas escolares Enrique Calderón Alzati

 
El artículo tercero de la Constitución indica de manera clara y terminante que en nuestro país, la educación básica es un derecho para todos los niños mexicanos, señalando que ella debe ser obligatoria, gratuita, laica, es decir, exenta de toda enseñanza de carácter religioso y ser proporcionada obligatoriamente por el gobierno de la república.
Ello se refiere a la educación básica, es decir la educación primaria y secundaria, aunque en tiempos recientes, para adecuarse a las necesidades de la población se ha estado ampliando a la educación llamada prescolar para los niños pequeños. Desde luego, el artículo, como muchos otros, es letra muerta en la realidad, por varias razones conocidas y cuestionables todas ellas.
En días pasados, en la columna de Enrique Galván, admirable columnista y analista de nuestro diario, se ha estado ventilando un punto relacionado con este tema, y de la mayor trascendencia para nuestro país, como todo lo que tiene que ver con la educación. La discusión está centrada en torno a las cuotas escolares, que en muchos planteles se vienen cobrando de tiempo atrás por varias razones, o pretextos según lo quiera uno ver.
Por un lado está la opinión de muchos padres de familia que se quejan de que esas cuotas son un abuso y se utilizan de manera incorrecta por los directivos de las escuelas para su beneficio personal. Me llamó la atención la respuesta del director de una escuela en Huatusco, Veracruz, que defiende las cuotas con argumentos que me parecen además de sensatos y totalmente realistas muy valientes, aunque ciertamente en desacuerdo con lo indicado por la Constitución. Lo que él indica es que esas cuotas son absolutamente necesarias, porque es con ellas con lo que se pueden mantener limpios los sanitarios y las instalaciones de las escuelas, así como comprar los materiales de consumo necesarios para su buen funcionamiento, incluyendo también en algunos casos, el pago de algún personal con el que las escuelas no cuentan.
De lo que este director está hablando es de un problema real, porque los recursos que debieran dedicarse a estos fines no llegan a las escuelas con mucha frecuencia, siendo desviados a otros menesteres que incluso nada tienen que ver con la educación y si bien, existen controles para que ello no suceda, las cadenas de distribución de esos materiales tienen muchos eslabones donde son desviados, por una razón o por otra, ello es un problema bastante generalizado en muchas entidades del país, incluyendo ciertamente a Veracruz. Para un director comprometido en dar un servicio digno y de buena calidad a sus profesores y estudiantes, la única opción real con la que cuenta es buscar el apoyo de los padres de familia.

En los comentarios al contenido de la columna, otro maestro lo objeta diciéndole al director que en lugar de hacer eso, él como director se debe unir a los plantones y las marchas organizadas por el sindicato, lo cual creo yo, difícilmente va a resolver el problema de esa escuela y de sus estudiantes, sirviendo seguramente más a otros fines de carácter totalmente político.
He comentado en esta columna de nuestro trabajo en escuelas de bachillerato, en donde la situación parece ser aun peor, porque hasta hace poco, la educación media superior no estaba incluida en el artículo tercero de la Constitución y si el gobierno federal y los gobiernos estatales han venido abriendo escuelas públicas, ello se ha debido en parte a los reclamos y presiones políticas de la población, más que a razones de carácter constitucional; con la reciente modificación que da a la educación media superior el carácter de obligatoria, las cuotas que actualmente reciben muchas escuelas públicas de este nivel para complementar sus raquíticos ingresos, entrarán a formar parte de esta polémica, con enormes riesgos para esas escuelas que, ya desde ahora, viven todo tipo de carencias.
En la actualidad, a diferencia de las escuelas de educación básica, la educación media superior pública es impartida y proporcionada por un conjunto de escuelas administradas por organismos que dependen y son coordinados por la Secretaria de Educación Pública, con varias modalidades de descentralización, (como el Colegio de Bachilleres, el Conalep y los Cecytes) mientras que otros dependen económicamente de los gobiernos estatales, y sus recursos provienen de las tesorerías de los estados; todo esto se ha traducido en enormes deficiencias y faltas de recursos para las escuelas, que tienen en las cuotas de los padres de familia las únicas posibilidades de funcionar, existiendo incluso modalidades en las que esas cuotas deben ser entregadas a las tesorerías estatales, sin que las escuelas puedan utilizarlas directamente, y sin recibir tampoco los recursos materiales que requieren con la oportunidad debida.
El problema es muy complejo y desde luego se resolvería en el momento que la promesa o compromiso del secretario de Educación, Emilio Chuayfet, de entregar a cada director de escuela los recursos financieros necesarios para la operación de esta, se haga realidad. Se trata ciertamente de una medida de gran importancia, incluida como parte de la reforma educativa propuesta por el gobierno federal, la cual rompe con el esquema centralista y primitivo que considera a los directores de las escuelas como personas no confiables para manejar esos limitados recursos con prudencia y honestidad para que su escuela opere en buenas condiciones.
Hoy la reforma educativa está siendo cuestionada por los maestros de escuela, por sus organizaciones sindicales e incluso por algunas autoridades educativas estatales, como una imposición inaceptable que viola algunos derechos laborales, al grado de llegar a las enormes movilizaciones que se están dando en algunos estados, desafortunadamente los escenarios parecen ser mas de fuerza, que de uso de la razón, en donde lo que debiera imponerse es la necesidad de mejorar la calidad de la educación de nuestros niños y jóvenes, aunque ello implique nuevos esfuerzos para instrumentar los cambios en los métodos y los esquemas educativos, que hoy resultan inadecuados unos y aberrantes otros, como la herencia y el tráfico de plazas.
En este escenario el problema de las cuotas escolares es sólo uno de los incisos o propuestas del Ejecutivo, la cual me parece viable porque seguramente se trata de montos relativamente pequeños, y porque el mecanismo que se propone, se antoja totalmente viable por su simplicidad logística.
En lo personal, considero que sólo será cuando esto se haga realidad, que las cuotas de los padres de familia dejen de ser necesarias, mientras, ellas deben seguir siendo utilizadas, aun cuando no se cumpla con la Constitución, como sucede con casi todo lo que pasa en nuestro país.
 

viernes, 3 de mayo de 2013

"No debes pisar ni la sombra del maestro" Castor Toledo, Director programa Tics y Educación de Conicyt.

E-Learning y educación: "No debes pisar ni la sombra del maestro"
La valoración social de la educación y particularmente de los maestros, la coordinación entre educación y sistema productivo, la equidad del sistema y el uso intensivo y pertinente de la tecnología, parecen ser claves del éxito educativo coreano.
Publicado: Lunes, 3 de Octubre de 2011
Por Castor Toledo, Director programa Tics y Educación de Conicyt.

Continuamente vemos noticias sobre la educación en Corea: "Corea y Finlandia encabezan el más reciente estudio PISA"; "Corea presentó su plan Educación Inteligente"; "Corea lidera en uso de TICs en educación" y muchos otros. Al mirarlos, comúnmente reflexionamos sobre las distancias que tenemos con ese país.

Las diferencias culturales se han transformado en la falacia que nos da un blindaje para no intentar aprender del éxito ajeno y son la perfecta excusa para insistir en mirar nuestro ombligo como inspiración para el cambio.

Hace unas semanas tuvimos la oportunidad de visitar Corea e intentar comprender algunas de las claves que la han llevado, en muy pocos años, a transformarse de un país muy pobre a una potencia económica, de un país que sólo poseía una precaria agricultura en una potencia tecnológica, de un país con una mayoría de la población analfabeta a ser un país cuyos estudiantes tienen la mejor comprensión del lenguaje en el mundo. Esta transformación merece ser estudiada en profundidad.

Sin duda hay raíces culturales; un antiguo proverbio decía: "No debes pisar ni la sombra del maestro", y establecía el valor de las tradiciones y del traspaso del saber. En la moderna Corea hay otras claves que nos son mucho más cercanas.

La valoración social de la educación y en particular el papel del docente juegan un rol estructurante del sistema educativo. Los docentes son bien remunerados y tienen menos obligación de horas efectivas de clases por semana en relación a los estándares internacionales. La sociedad, en su conjunto, se preocupa activamente de la educación. El Estado tiene un rol central en impulsar el mejoramiento y permanente cambio del sistema; las reformas se suceden para perfeccionar el sistema y mantenerlo ligado a los intereses nacionales. El Estado cautela el balance necesario entre tradición y desarrollo y entre las necesidades de los individuos y de la nación.

Llama también la atención el efecto positivo de la centralización del sistema en cuanto a producir escuelas de un nivel muy homogéneo. La igualdad de oportunidades es un valor relevante, y si bien existen premios al buen desempeño docente y de los establecimientos, la equidad es preservada conjuntamente con la calidad.

Corea ha forjado su desarrollo desde una sólida base en la educación: el sistema educativo es el agente productor de las competencias que el país requiere en su permanente crecimiento científico, tecnológico y cultural. En sus diferentes etapas, el sistema se ha ido transformando para entregar al país las capacidades que éste requiere. Hay una cooperación orgánica entre la educación y el desarrollo económico. No se trata de una regulación abierta al mercado, sino la adaptación del sistema educativo para producir los profesionales y técnicos que el desarrollo de la industria requiere. En este proceso, la educación técnico profesional juega un rol protagónico y su desarrollo y permanente actualización es preocupación importante de quienes deciden las políticas públicas.

La incorporación de la tecnología juega un papel muy importante en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Hoy en Corea, la tecnología está presente en todas las salas de clases y prácticamente el 100% de los docentes usa el computador e internet en su tarea diaria. Toda la capacidad tecnológica de Corea se encuentra al servicio de la educación; un impresionante sistema de distribución de contenidos educativos entrega a todos los estudiantes materiales de la mejor calidad, usando todos los soportes, desde la TV a la internet y de los textos en papel a los dispositivos móviles.

El Ministerio de Educación de Corea ha sorprendido con el anuncio de digitalización de los textos escolares. Se trata de una iniciativa audaz, pero muy lejana a la idea de poner los textos en otro formato. Es una plataforma compleja que permite al estudiante acceder a los conocimientos que requiere, con toda la multimedialidad que permite internet, y trabajar directamente sobre entornos virtuales. Un trabajo de joyería en el uso educativo de las TICs.

Pero Corea no es un despliegue de parafernalia tecnológica; tiene un equilibrado y pertinente uso de la tecnología. Las TICs están contribuyendo a crear una mejor pedagogía. Se observa un cuidadoso estudio de los hábitos de consumo de docentes y estudiantes para aprovechar lo más apropiado en cada lugar en que la tecnología se junta con la educación.

Tenemos mucho que aprender de la educación coreana, no para trasladar mecánicamente su experiencia, sino para inspirar nuestros propios cambios y abrir nuestras mentes a las mejores prácticas.