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lunes, 19 de diciembre de 2011

Normal Rural de El Mexe, Hidalgo: las ruinas

La Escuela Normal Rural Luis Villarreal, de El Mexe, Hidalgo, concluye su último ciclo escolar. Los alumnos ni siquiera pueden recibir clases en los salones de su antigua escuela. Exiliados, regresan esporádicamente al área de dormitorios para “cuidar” lo que oficialmente ya no les pertenece. Sobre los despojos de la que fuera la normal rural más aguerrida, se levanta ahora una universidad técnica, pues, a decir de las autoridades, ya no hacen falta maestros de primaria.

Con esta entrega, Contralínea inicia la publicación de un reportaje seriado acerca de las escuelas que representan el último modelo de educación socialista de la Revolución Mexicana, condenadas a muerte por los gobiernos neoliberales. Los estudiantes se aglutinan en la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México para defender, dicen, más que un proyecto educativo: un proyecto de vida

Zósimo Camacho / Rubén Darío Betancourt, fotos / enviados

Francisco I. Madero, Hidalgo. La hierba se traga el área asistencial de la que fuera la Escuela Normal Rural Luis Villarreal, de El Mexe, comunidad dependiente de esta cabecera municipal. El polvo se acumula al pie de dormitorios, comedor, enfermería, lavandería. La zona, de aproximadamente cuatro hectáreas, luce los estragos de casi cinco años de abandono y vandalismo: vidrios rotos, puertas desportilladas, ductos de agua y gas herrumbrosos, lavabos destruidos, paredes derribadas.
Los murales, ahora pálidos y resquebrajados, se caen en cientos de pedazos. El viento lleva por los pasillos solitarios la pintura endurecida que dio forma a imágenes de Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Ilich Lenin, Emiliano Zapata, Che Guevara, Lucio Cabañas; igualmente descarapelado, el símbolo de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM, la organización estudiantil de las normales rurales): un puño izquierdo crispado con las iniciales de la organización, la leyenda “Por la liberación de la juventud y la clase explotada, ¡venceremos!”, y los nombres de las otras 16 escuelas “hermanas” del país.
—Ya no hay agua, ni luz; no tenemos nada que preparar en el comedor. Las condiciones son muy distintas a las de hace cuatro años –dice, desde uno de los antiguos jardines, Daniel Franco, secretario de organización del Comité Ejecutivo Estudiantil de la escuela.
Hasta 2003, la Normal Luis Villarreal tenía una población de 600 estudiantes y, como las demás normales rurales, contaba con un sistema de internado administrado por los propios alumnos: dormitorios, comedor, beca mensual, módulos de producción agropecuaria y clubes culturales y deportivos.
Ahora, oficialmente, la escuela sólo existe de manera virtual, pues no cuenta con instalaciones y los alumnos deben tomar clases en algunas de las secundarias del municipio, principalmente en la técnica 14. Las instalaciones han sido ocupadas por una universidad técnica y sólo se les permite el paso al área asistencial, completamente abandonada.
Apenas 76 alumnos integran la comunidad de normalistas que egresará en julio próximo. Se trata de la última generación de las licenciaturas en educación primaria, educación preescolar y educación especial. Con ello, se dará por cerrada la escuela que se mantuvo, por más de 80 años, rebelde ante las autoridades federales, estatales y municipales; pero que también recibió reconocimientos nacionales a la calidad de sus estudios y que logró el respaldo de las comunidades aledañas.
Los alumnos sembraban alrededor de 20 hectáreas de maíz, avena y alfalfa, y criaban borregas y cerdos. Además, mantenían, como en todas las demás normales rurales, un sistema de autogobierno. En la actualidad, establos, corrales y chiqueros se encuentran vacíos, y sólo recientemente la Universidad Politécnica Francisco I. Madero ha comenzado a trabajar las tierras.
—Desde 2003 nos mantenemos en resistencia, tratando de refrendar la existencia de la normal a 81 años de haber sido fundada –señala Jesús Martínez, secretario general del Comité Ejecutivo Estudiantil–. Argumentamos que la escuela es necesaria, porque en el estado y en el país hay mucha necesidad.
El actual gobierno estatal, encabezado por Miguel Ángel Osorio Chong, como el anterior, de Manuel Ángel Núñez Soto, esgrime como único argumento para desaparecer la escuela, que en el estado ya no se necesitan más maestros rurales.
Sin embargo, de acuerdo con el II Conteo de población y vivienda 2005, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en Hidalgo existen 200 mil 194 personas mayores de 15 años que no saben leer ni escribir. La mayoría se encuentra en comunidades indígenas y campesinas de la región, el campo de trabajo natural de los egresados de las normales rurales.
Según la información oficial, en el estado el 12 por ciento de las personas mayores de 15 años no tienen ningún grado de escolaridad; el 15, no concluyó la primaria y el 13 por ciento de la población adulta no sabe leer ni escribir. Es decir, el índice de analfabetismo estatal se encuentra por encima de la media nacional, que es de 8 por ciento.
—Por eso seguimos siendo necesarios –dice Jesús Martínez–. El egresado tiene la encomienda de apoyar las regiones más desprotegidas. Cuando egresamos, nuestra prioridad es ir a aquellas localidades donde no hay agua potable ni luz eléctrica; y adonde tal vez necesitan proyectos que nosotros podamos impulsar.
Se muestra orgulloso de que la formación del normalista rural no se circunscriba a la alfabetización de las comunidades pobres.
—Más que apoyar a las comunidades exclusivamente en la cuestión educativa, tratamos de rescatarlas integralmente. Sí con educación, pero también con proyectos. Y haciendo conscientes a las personas de su realidad y fomentando la organización para hacer lo que se tenga que hacer con el objetivo de superar las condiciones de miseria.
Como en las demás escuelas normales rurales del país, la formación de los internos de El Mexe se caracterizaba por ser de orientación marxista leninista. Y es que, además de las materias del plan de estudios oficial –similar al de las demás escuelas normales y universidades pedagógicas del país– los estudiantes estaban obligados, por la organización estudiantil, a acudir a los cursos de materialismo dialéctico e histórico y al estudio de las biografías del Che Guevara, Lucio Cabañas –egresado de la Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero, y exsecretario general de la FECSM–, Genaro Vázquez y Misael Núñez Acosta, entre otros.
—El gobierno quiere cerrar la normal no por saturación de maestros, sino porque somos una piedrita en el zapato –dice Daniel Franco–: ya no quieren seguir invirtiendo en educación; están en contra de mantener la educación gratuita, y, además, los 81 años de historia de la Normal Luis Villarreal son de una lucha constante contra el gobierno; pero lo único que hacemos es defender la educación gratuita y hacerle ver a la población la corrupción de las autoridades.

“En pie de lucha”
El cierre definitivo de la escuela parece inminente luego de casi una década de confrontaciones entre los estudiantes y el grupo político que controla el gobierno del estado desde 1999, cuando llegó a la gubernatura Manuel Ángel Núñez Soto y quien colocó como secretario de Gobierno al actual gobernador Miguel Ángel Osorio Chong. La desaparición de la normal se decidió de inmediato.
El 5 de enero de 2000 comenzaron las movilizaciones estudiantiles y, luego de mes y medio de protestas, el gobierno estatal decidió ocupar El Mexe y desalojar a los estudiantes. El 19 de febrero de ese año, alrededor de las 6:30 de la tarde, 300 policías ministeriales y un número indeterminado de granaderos ingresaron a la escuela y detuvieron a 176 personas, a quienes, según las denuncias, torturaron. Algunas mujeres aseguraron haber sido violadas.
Más tarde, cientos de campesinos de las comunidades aledañas, principalmente de Tepatepec y El Mexe, comenzaron a concentrarse alrededor de la escuela. Bloquearon la carretera con troncos. Ingresaron a la normal y detuvieron a 61 policías. Los demás lograron escapar. Los capturados fueron paseados semidesnudos por la plaza principal. El gobierno estatal se vio obligado a liberar a 300 presos a cambio de que “no quemaran” a los policías. El cierre de la normal se había aplazado.
—Se le demostró al gobierno que la normal tenía presencia en la población. Pero también es posible que, con ello, el gobierno tomara medidas más pensadas y más radicales contra la escuela… Hasta llegar a como estamos ahorita –dice, con un dejo de tristeza, Jesús Martínez.
La Escuela Normal Rural Luis Villarreal, de El Mexe, Hidalgo, se fundó en 1921, bajo el programa de Escuelas Centrales Agrícolas impulsadas por Plutarco Elías Calles. Ocupó 81 hectáreas de la antigua hacienda San Antonio, propiedad, hasta entonces, de la familia Roquena. Donó ocho hectáreas y, con 73, se incorporó en 1935 al proyecto de normales rurales lanzado por Lázaro Cárdenas.

La derrota
Hasta la década de 1980 albergó a 900 estudiantes. A partir de entonces, comenzó a disminuir paulatinamente la matrícula estudiantil, que, hasta hace cuatro años, era de 500 alumnos. En 1994 se le había otorgado el carácter de “mixta”; antes de esa fecha aceptaba exclusivamente varones.
A pesar de los embates gubernamentales, el derrumbe de la escuela inició en 2003.
—El gobierno volvió a decir que ya no necesitaba maestros, que ya estaba atendido todo el estado en materia de educación y que no podían seguir generando desempleados –explica Daniel Franco.
Acosados y, por primera vez, divididos, los estudiantes perdieron en ese año el sistema de internado. Además, el 16 de diciembre de ese año firmaron una “minuta” en la que aceptaban temporalmente un “receso” en las inscripciones. Recientemente, las autoridades les han notificado que ese “receso” tiene el carácter de “indefinido”.
—Tuvimos que firmar –explica Beatriz, también integrante del Comité Ejecutivo Estudiantil– porque el gobierno creó una sede alterna a la escuela, en Pachuca, y exhortó a la población a que se inscribiera allá. Y entonces ellos ya iban a ser mayoría y nos iban a quitar definitivamente la escuela.
—Pero luego, luego se vinieron las repercusiones de esa minuta, porque nosotros pasamos a ser externos. Nomás medio semestre nos dejaron tomar clases en el área académica. Y nos dijeron que podíamos seguir ocupando las áreas asistenciales, pero ya no hay nada de servicio ahí. No podemos hacer uso de ellas. Y se canceló el internado –explica Jesús Martínez.
—Además, perdimos un poco de apoyo del pueblo –considera Daniel Franco–, pues el gobierno les dijo que iba a hacer una escuela mejor, una universidad y que fueran a inscribir a sus hijos.
Reacios a informar acerca de lo que consideran “la vida interna” de su organización, se muestran evasivos para explicar la firma de acuerdos desventajosos.
Entre las causas de la derrota del movimiento se encontrarían que enfrentaron dos conflictos al mismo tiempo (además del de El Mexe, el de Mactumactzá, Chiapas, que también perdieron) y que se agudizaron las disputas internas entre el Comité Central de la FECSM y un grupo disidente enquistado en el Mexe, controlado por el Frente Popular Revolucionario del Partido Comunista Marxista Leninista.
La nueva universidad se inauguró el 15 de agosto de 2005. El entonces secretario de educación del gobierno del estado, Raúl González Apaolaza, festejó la creación de la nueva escuela: “Responde a las necesidades y expectativas de la región del Valle del Mezquital y del estado”.

La Universidad
Los pasillos que ocupa la Universidad Politécnica Francisco I Madero y que pertenecieron a la Normal Rural de El Mexe se observan pulcros. Los jardines, apodados. En la entrada de la escuela, cuatro elementos de seguridad de la escuela solicitan identificaciones. En área deportiva, tres alumnos discuten sus clases. La alberca semiolímpica permanece cerrada. Dos grupos de alrededor de 20 personas escuchan a sus profesores.
El rector Herminio Baltasar Cisneros, economista por el Instituto Politécnico Nacional y maestro en desarrollo regional por la universidad Autónoma metropolitana, informa que en la universidad están inscritos 425 alumnos: 225 estudian la carrera de agroindustrias y 200, agrotecnologías.
—¿La creación de la universidad implica la desaparición de la normal?
—No, son cosas separadas –responde Baltasar Cisneros–. La normal funcionó en este edificio. Tuvo su proceso por separado. Y ahora, dado que ya son pocos los alumnos (de la normal), están tomando las clases en una secundaria técnica. Y la normal camina sobre sus propios rieles y la universidad sobre los suyos.
—Sin embrago, está ocupando el terreno de la normal.
—Sí… Yo lo vería más bien como un proceso evolutivo de un proyecto educativo en la zona del Valle del Mezquital.
—¿Pero las instalaciones son de la normal rural?
—No. Hay un decreto de creación, hay un convenio de colaboración entre el gobierno del estado y la federación para formar la Universidad Politécnica.
El funcionario reconoce que la universidad no acepta exclusivamente a hijos de campesinos pobres, como lo hacía la normal. La primera generación está por concluir sus estudios y 125 nuevos ingenieros agroindustriales ingresarán a la población económicamente activa.
—¿Tendrán campo de trabajo?
—Tenemos un trabajo de vinculación muy intenso con empresas agroindustriales. Podemos mencionar Cargill, Sigma Alimentos, Pilgrims Pride, Santa Clara. Con éstas hemos hecho acuerdos para que los alumnos vayan a hacer sus estancias y la estadía durante el décimo semestre. Y es lógico que si una empresa requiere un técnico especializado, el alumno se quedará a trabajar ahí. Creo que la gran mayoría va a lograr la colocación. Pero como esto puede no ser así, entonces estamos trabajando para que los propios alumnos sean los que se autoempleen.
El rector agrega que los egresados de la universidad conseguirán empleos con un salario, “como mínimo, de 25 mil pesos mensuales”.
Leticia, del comité estudiantil de El Mexe, señala que no se oponen a la existencia de una universidad, sino a que ésta sea sólo una coartada para justificar el cierre de la normal. “Podemos coexistir. La Normal le hace falta a la gente”.
Contralínea solicitó entrevista con el secretario de Educación del gobierno de Hidalgo, Jorge Romero. Sin embargo, al cierre de edición, no hubo respuesta.

Revista Contralínea / México
Fecha de publicación: 2a quincena Febrero de 2008 | Año 5 | No. 96