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domingo, 19 de agosto de 2012

Cambio de paradigmas: del conductismo al cognitivismo

Cambio de paradigma: del conductismo al cognitivismo.

La pedagogía como ciencia es deudora, toma elementos de otras disciplinas, y la principal acreedora es la Psicología, que por si sola no abarca todos los fenómenos escolares.
Dentro de los aportes de la Psicología, están los obtenidos de dos grandes corrientes, el conductismo y el cognitivismo ¿Qué diferencias prácticas se derivan?


La psicología atendiendo a su objeto puede dividirse en dos grandes apartados: la etapa pre-científica y la científica, las cuales a su vez se subdividen en otros tres apartados, cada una de ellas.

En la etapa pre-científica se distinguen tres momentos fundamentales, que coinciden con tres grandes orientaciones en el campo de la filosofía, esto es, la aristotélica, la racionalista y, finalmente, el empirismo y el asociacionismo inglés. Con la filosofía aristotélica la atención se centra en el estudio del alma y de las facultades. La filosofía racionalista se ocupa de la conciencia. El último momento de esta primera etapa, que hemos calificado de pre-científica, esto es, el empirismo y el asociacionismo inglés tiene como objeto el estudio de los fenómenos psíquicos sencillos.

La segunda etapa, considerada científica, viene representada por tres grandes paradigmas, el estructuralismo y el funcionalismo, el conductismo y la psicología cognitiva. Con el estructuralismo y el funcionalismo la psicología toma por objeto el estudio de la mente o conciencia. El conductismo, por su parte, se ocupa de la conducta. Finalmente la psicología cognitiva se centra tanto en el estudio de la mente como de la conducta.

Estas dos grandes etapas en las que dividimos a la historia de la psicología, pre-científica y científica determinan también diferentes concepciones respecto al aprendizaje. Así nos encontramos en la psicología pre-científica con tres grandes concepciones, esto es, el aprendizaje como disciplina formal, el aprendizaje como desenvolvimiento natural, y por último el aprendizaje como percepción.

La psicología científica cuenta fundamentalmente con dos grandes concepciones respecto al aprendizaje, según se trate del conductismo o del cognitivismo. De esta forma para los conductistas el aprendizaje es entendido como la adquisición de respuestas. En el marco de la psicología cognitiva es preciso diferenciar dos momentos: el primero representado por la teoría del procesamiento de la información y el segundo constituido por la concepción constructivista. En un principio con el procesamiento de la información el aprendizaje es contemplado como la adquisición de conocimientos. En la actualidad la orientación constructivista ve el aprendizaje como la construcción y asimilación de conocimientos.

El conductismo surge en los años 20 con Watson. Este paradigma se presenta como una reacción frente al estructuralismo y el funcionalismo. Más concretamente se sitúan frente al objeto de estudio de éstos, es decir, la conciencia o conocimiento que el propio espíritu humano posee de su propia existencia, de sus estados y de sus actos. De la misma forma se posicionan contra el método utilizado, la introspección. Este método de la introspección consistía en la observación y exploración de la propia conciencia, de lo vivido. A la introspección se opone el método experimental, que atiende al estudio de las reacciones objetivamente observables y postulado por los conductistas.

Las críticas vertidas con respecto a la introspección pueden expresarse en estos términos: para que podamos otorgar a la observación un carácter científico es preciso que cumpla la condición de que tanto el sujeto que observa como el objeto a observar sean diferentes; por otra parte el conocimiento fruto de la introspección es difícilmente comunicable, esto es así dado que las mismas palabras pueden expresar diferentes estados de conciencia; por último la introspección no permite el acceso al inconsciente, por cuanto la observación se limita a los fenómenos psíquicos conscientes.

El conductismo va a representar una ruptura con toda la psicología anterior, descalificada por mentalista, es decir, centrada en el estudio de la mente o la conciencia. Pero la mente se dirá no es observable y por ese motivo no puede ser objeto de estudio de la psicología. En este sentido se cambia el objeto de estudio que para los conductistas es la conducta, nos referimos en concreto a la conducta externa y observable. De esta forma la explicación de la conducta se reduce a los términos de estímulo y respuesta. En este estado de cosas los conductistas renuncian al estudio de los procesos mentales. Así nos encontramos con las limitaciones de este paradigma, que pasa por alto los procesos superiores, entre los cuales se encuentran el pensamiento, la percepción, el lenguaje, la memoria... para explicar la conducta de los organismos. Este descuido obedece a que, según ellos, estos procesos no pueden ser externamente observados, como tampoco los consideran necesarios como forma de explicar la conducta.

La ignorancia del organismo entre el estimulo y la respuesta va a permitir el surgimiento de la psicología cognitiva, y su primera manifestación la teoría del procesamiento de la información, la cual partiendo de la metáfora del ordenador posibilita el estudio de los procesos mentales. El conductismo, no obstante, transformado en neo-conductismo mantuvo gran influencia hasta la década de los años 60.

La psicología cognitiva enfatiza de nuevo la mente como objeto de la psicología y reclama la actividad del sujeto, por contra el conductismo requería de un sujeto pasivo, cuyo único cometido era el de establecer las conexiones entre los estímulos y las respuestas.

Los rasgos de la psicología cognitiva van a ser: el entender a los individuos como sujetos activos, constructivos y planificadores; el centrar su actividad en los procesos cognitivos; se enfatiza el conocimiento frente a las respuestas. En este sentido Neisser afirma que la cognición es la actividad de conocer.

Si en el objeto existen diferencias entre la psicología conductista y la cognitivista, estas discrepancias también se trasladan al campo del aprendizaje. En este sentido indicar que para los conductistas el aprendizaje consiste en “un cambio más o menos permanente de la conducta que se produce como resultado de la práctica” (Kimble). Para el conductismo, cuyo periodo de vigencia, como antes apuntamos, va de los años 20 a los 60/70, el aprendizaje se reduce a la relación de dos variables, la ejecución y la práctica. Se prescinde de lo que sucede en el interior de quien aprende. El aprendizaje así considerado se limita a la adquisición de todo un repertorio de respuestas, pasando por alto los procesos mentales superiores entre el input y el output, frente a lo que consideran los cognitivistas.

En este paradigma el papel del alumno es totalmente pasivo. El profesor le presenta al estudiante diferentes estímulos, materiales o experimentos programados con anterioridad, de una manera secuencial y lógica. A las respuestas correctas del alumno le sigue el correspondiente refuerzo.

Esta ignorancia de cuanto acontece en el interior del sujeto por parte de los conductistas será la causa de su decadencia. Así aparece la psicología cognitiva. El primer paso en este sentido lo da la teoría del procesamiento de la información, pese a sus limitaciones, dado que no llega a desligarse por completo de su correspondiente base mecanicista y asociacionista en relación con el aprendizaje. En este momento el alumno es más cognitivo, la clave se sitúa en aprender conocimientos, y el alumno pasa a ser un sujeto más activo, pese a que no logra tener el control sobre el proceso de aprendizaje (Beltrán).

Más tarde, a finales de los 60 y comienzos de los 70, surge el aprendizaje por reestructuración, donde el alumno es completamente activo, no limitándose a adquirir conocimientos, dado que el mismo los construye partiendo de sus experiencias previas. Dentro de esta nueva corriente sobresale la teoría del aprendizaje significativo de Ausubel.

El aprendizaje consiste en la asimilación de conocimientos, de manera no mecánica. En este sentido el papel del alumno no se limita a reproducir de una manera fiel el conocimiento presentado por el profesor, sino a la construcción por parte del educando, de forma activa, de relaciones entre los nuevos conocimientos y los ya poseídos.

Si el rol del alumno se ve modificado lo propio sucede con el docente. Así el papel del profesor se centra en ayudar a aprender. El peso de los contenidos también experimenta una modificación. Con lo cual frente al procesamiento de la información donde los contenidos tienen gran importancia dan paso con el constructivismo a un interés creciente por los procesos, bien sean de pensar o en el desarrollo de habilidades y destrezas cognitivas.



Extraído de
Estrategias metacognitivas y de aprendizaje: estudio empírico sobre el efecto de la aplicación de un programa metacognitivo, y el dominio de las estrategias de aprendizaje en estudiantes de E.S.O, B.U.P y Universidad
Memoria para optar al grado de doctor presentada por
Pedro Mariano Bara Soro
Bajo la dirección del Doctor: Esteban Sánchez Manzano

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