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lunes, 17 de marzo de 2014

Clase y racismo en los paros docentes Cristián A. Rossi


 (o un rápido repaso por las burradas que se leen en este medio)

Ultima nota sobre este tema. El agotamiento me gana. Explicar y explicar en muros de amigos y vecinos, en reuniones y eventos, una y otra vez lo mismo realmente es desgastante y por lo visto no sirve de mucho. Pero bueno, a fuerza de insistir... Ahí vamos.

1- Los docentes tienen más vacaciones que otros trabajadores.
Primera burrada. No, los docentes tenemos siempre las mismas vacaciones. Mientras que los días de descanso de cualquier trabajador varían en función de su antigüedad, los nuestros siempre permanecen inmutables. 45 días de receso en verano y quince en invierno, pero mucho de ese tiempo no es vacación, sino tiempo en disponibilidad, en el que el docente puede ser convocado. Vacaciones solo hay en el mes de enero.

2- Esperan a que empiecen las clases para hacer paro. 
Y sí… si no hay nadie en la escuela es difícil hacer un “paro”. Pero es interesante señalar además, que quien fija la fecha de las paritarias nacionales es el gobierno nacional, no los docentes, que venimos pidiendo apertura de paritarias en septiembre - octubre desde tiempos remotos.

3- No les descuentan inasistencias ni paros.
Esta burrada me gusta. Es una gran mentira difundida por gente que no tiene contacto con la escuela pública. Los docentes poseemos, como cualquier trabajador, una ficha de inasistencias llamada contralor. Día no laborado, día no cobrado. En el caso de los paros, muchas veces (no últimamente por cierto), si los gremios llegan a un acuerdo con el gobierno, se establece la devolución de los descuentos como reconocimiento de la justicia del reclamo efectuado.

4- Hay tres docentes designados por curso. 
Esta también es buena. Si un titular se enferma, el estado designa un suplente. Sólo se designa suplente del suplente si éste queda embarazado. Situaciones puntuales… muy puntuales.

5- Hacen abuso del régimen de licencias.
Sí. Hay abusos. Yo trabajo hace diecisiete años y he visto algunos. Pero el Estado, nuestro empleador, es el que debe controlar y castigar tales abusos. ¿Por qué no lo hace? ¿Por qué no castiga a los médicos que supuestamente, extienden licencias por enfermedades inexistentes? Para acceder a una licencia un docente debe hacerse ver por un médico que diagnostique la enfermedad y luego concurrir al médico laboral que certifica la justicia de lo expresado por el anterior, y es el que determina, si procede, los días de reposo que se necesitan. Insisto, ¿Por qué el Estado no sanciona esa cantidad de abusos? Por la sencilla razón de que las enfermedades son reales y existen. Por la sencilla razón que la gran mayoría de los docentes contraerá una enfermedad profesional evitable durante su vida laboral.

6- Hay x cantidad de docentes con licencia por alergia a la tiza!!!!!
Si no fuera triste sería gracioso. Sí, pero no es “alergia”. La tiza es yeso compacto, un abrasivo usado en pulido fino de metales. La acumulación de estas en las cuerdas vocales y el sistema respiratorio producen nódulos de evolución incierta e irritación crónica. El docente debe aislarse del medio abrasivo hasta concluir su tratamiento. Esto el Estado no lo hace de generoso. Le sale más barato preservar a ese docente que formar uno nuevo. En países que toman en serio su sistema educativo las aulas cuentan con extractores por este motivo.

7- Trabajan cuatro horas y tienen más licencia por enfermedad que otros trabajadores.
Tampoco es cierto. La mayoría de los docentes debe trabajar entre ocho y diez horas diarias para poder sostener una familia tipo con dos adultos trabajando, sin contar el tiempo de planificación y corrección. Con respecto al tema de la licencia, ocurre que el docente que va a trabajar enfermo, contagia a sus alumnos. La ventaja, en este caso, es para estos, a los que se preserva de un eventual contagio.

8- No tienen presentismo!!!!!!!!
No. Ningún empleado estatal en la provincia de Bs As posee ese premio adicional. Y ningún docente se opondría a él en esos términos. Lo que rechazamos es que se considere al premio por presentismo como parte del salario mínimo. ¡Ojalá nos dieran un premio extra por ir a trabajar todos los días!
9- Hacen paro en las estatales pero no en las privadas!!!!
Es un tema triste. Las escuelas privadas son empresas que escapan a lo establecido en el estatuto del docente, por lo que sus trabajadores poseen un alto grado de indefensión gremial. Luego de los paros las sanciones siempre llegan bajo la forma de “el sr/a Fulanito de Tal no cumple o no se adecua al perfil institucional de la empresa”, y el trabajador es despedido. Una vez más, ahí la falla es del Estado. La justicia laboral debería actuar alguna vez sobre tales atropellos a la libertad constitucional de huelga y sancionar a alguna de estas escuelas-empresas retirándoles el subsidio estatal. Pero es más barato poner el ojo en el docente que labura ahí.


10- Se quejan pero todos andan en autos nuevos y tienen siempre ropa nueva.
No todos… no todos… Pero si así fuera ¿Por qué estaría mal quejarse? La inflación hace que el docente pierda capacidad adquisitiva, y entendámoslo de una vez, eso no debería suceder. Un docente es un trabajador intelectual que se especializó e invirtió tiempo y dinero en ello. Su tarea es de las más delicadas y responde sobre ella con su libertad y sus bienes. ¿Por qué debe ganar menos que un almacenero o un vendedor de ladrillos? ¿Por qué alguien que enseña a leer y escribir debe ganar el 10 % del sueldo base de un diputado cuyo único mérito es levantar la mano cada vez que el partido lo requiere y tampoco cobra presentismo? A ver si se entiende de una vez que los docentes ganan menos que un basurero.

11- Son todos vagos y no quieren laburar!!!
Esta es la mejor y más grande de todas. La Madre de todas las Burradas, sería mejor decir. Y es que es, en su sencillez, perfecta. La descalificación final. Son todos unos vagos porque la mayoría de los docentes pertenecen a una clase trancisional. Hijos de la clase obrera expoliada, acceden a los profesorados y magisterios barriales para obtener el deseado asenso social. Pero los delata su origen proletario y suburbano. Lo llevan estampado en el rostro como un sello de clase. Conozco a esos plebeyos, decía un catalán, soy uno de ellos. Y entonces es ahí donde el racismo de la clase media alcanza sus variopintos crescendos. Descarga sobre los docentes toda su deconfianza en las clases populares. ¿Qué se creen esos, que dejan sin clases a los pobres niños, egoístas de mierda, por un reclamo sólo salarial? Curiosamente, esa misma clase media no ataca con igual ferocidad a otros sectores estatales cuando se traban en luchas gremiales. ¿Será porque se trata de sectores tradicionalmente conformados por una clase media acomodada? ¿Será porque desconfían del asenso social? Será, sin más, porque en el fondo de su corazón la clase media argentina es, fue y será racista y ultraliberal, y desconfiará siempre, aunque con matices, de las clases populares y la gestión pública.

12- Hacer paro es hacerle el juego a los vendepatria, al imperio del mal y a Magnieto.
Una burrada tan grande que no merece la pena contestarla. Quien escribe estas líneas está esperando que le garpen el prenatal hace un año, el nacimiento hace seis meses, y su compañera todavía no terminó de cobrar las suplencias que realizó hace dos años. Y esa es la situación de muchísimos compañeros. Si reclamar por eso es hacerle el juego al imperialismo apátrida…

13- Eligieron esa vocación. Si no les gusta que se busquen otro laburo!!!!!!
La última, que esto ya tiró a la mierda a cualquier manifiesto del PO. Nadie niega la vocación. Elegimos dar clases. ENSEÑAR. Ningún docente dice: -ah no, a este nene no le enseño porque vino con la ropa sucia, o mejor no me arrimo a este que tiene piojos-. Somos EDUCADORES. Y nuestra vocación es esa. Eso no tiene nada que ver con la lucha por acceder a un salario que refleje lo que somos:
TRABAJADORES INTELECTUALES ESPECIALIZADOS.
Tengan un poco más de respeto, los mercaderes que opinan sin poder ver más allá de los límites de su mostrador, sin mayor responsabilidad que acomodar un zapato en la vidriera, o sin rendirle cuentas a nadie más que así mismos. Un poco más de respeto, que están hablando de gente cuyo trabajo requiere algo más que comprar por cinco y vender por diez.

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