Translate

sábado, 27 de abril de 2013

Infancia y Sociedad Sucios, feos y malos Andrea Bárcena

 
Como los piratas, aunque no tengan parche en el ojo ni garfio ni pata de palo, carecen de escrúpulos y pueden mentir cuanto sea necesario con tal de cumplir sus objetivos, que en realidad son uno: proteger los intereses de los poderosos, sus amos. Ocurre en casi todo el mundo, pero en México llegamos a niveles inverosímiles. Son ellos, los gobernantes, los que en los últimos 25 años han ido hundiendo al país en la miseria económica y ética.
¿Cuál pacto por México? ¿Cuál Programa Nacional de Desarrollo? Una multitud de niños y jóvenes pobres y sin horizontes –6 millones entre tres y 17 años– no pueden ir a la escuela: son el dato irreductible de nuestro cada vez más oscuro futuro, lleno de desesperanza; ya en 2011 se registraron unos 2 mil 300 suicidios de menores entre 15 y 24 años de edad. Pero todo eso les importa un bledo a los funcionarios; su miopía y su cinismo no tienen parangón. Ya lo dijo Lula, el hambre es por la falta de vergüenza. (Por eso, a pesar de sus errores, ojalá la UNAM no sea tan dura con los ceceacheros: sus reclamos portan también la desesperanza y la bronca que a todos invade).
Los altos funcionarios generan el hambre que dicen combatir; la comida chatarra sigue en las escuelas públicas y no se mantiene una política de protección de la lactancia natural, tan definitiva para la salud de los niños: 85 por ciento de los bebés toma leche de fórmula, ya que Nestlé y otros fabricantes de sucedáneos los promueven libremente en hospitales públicos y privados.
Mientras tanto, va quedando claro que Mr. Carstens sobrevive a Calderón porque su verdadera jefa es Mrs. Lagarde, contentísima con los catarritos que nos matan poco a poco y con el menú de privatizaciones anunciadas por EPN. ¿Por qué no acaban los gasolinazos si de verdad quiere combatirse el hambre? ¿Por qué no se multa a especuladores de alimentos y se promueven empleos bien pagados? La pobreza extrema no se combate con limosnas; sólo se puede eliminar acabando con la riqueza extrema. La crisis mundial no es financiera, sino ética, por la falta de empatía y dignidad de los políticos.
“A menos que los filósofos reinen en los Estados –dice Platón en La República– o que los llamados reyes y gobernantes filosofen de modo genuino y adecuado, y coincidan en una misma persona el poder político y la filosofía, no habrá, querido Glaucón, fin de los males para los estados ni tampoco, creo, para el género humano”.
Nosotros creemos que sólo una auténtica cruzada ética puede terminar con el hambre y la desesperanza de la gente. Punto y Aparte: aplauso por la aprobación en la ALDF de la Ley de Atención Integral para la Primera Infancia.
 

No hay comentarios: